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Sin pelos en la letra

Editorial
13/Jan/10
Hablemos de/en Paz    Por Carlos Millán Verde

“Paz”, para nosotros, es una de las muchas palabras más pronunciadas y menos comprendidas. Escuchamos mil veces: “queremos la paz” o “sí a la paz, no a la violencia”. Resulta que parece que todo el mundo está de acuerdo en que necesita vivir en paz, dormir en paz, descansar en paz, comer en paz, estudiar en paz, trabajar en paz… paz, paz y más paz.
Pensándolo bien, uno se da cuenta de que sentirse en paz va mucho más allá de sentirse seguro. Evidentemente, sin seguridad no puede sentirse paz, pero aún con seguridad, es posible no tener paz. Sólo piense un momento en los problemas de convivencia. ¿Podremos disfrutar de la vida, de la libertad, sin sentirnos en paz, seguros?, ¿Podremos disfrutar de la vida, de la libertad, en nuestros hogares enrejados sin hablarle al vecino?
Lo que la gente generalmente NO se pregunta es ¿cómo se logra un ambiente de paz?
Pongamos como ejemplo nuestra universidad, exigimos, pedimos, imploramos seguridad. Pensamos en muros, cámaras, policías, sanciones, expulsiones, linchamientos y pare usted de contar, pero… ¿se logrará de esta manera sentir la seguridad que necesitamos? ¿Será ésta la forma de conseguir que la comunidad universitaria pueda sentirse en paz?
Como mencionamos anteriormente, un requisito para la paz es la seguridad, y uno de los problemas asociado a la inseguridad es la violencia. Dentro de los hechos de naturaleza violenta, podemos observar dos extremos: por un lado la violencia circunstancial, que no es más que la que se manifiesta de manera casual, no planificada ni esperada y puede revelarse en cualquier ciudadano como, por ejemplo, en el enfrentamiento entre individuos que chocaron sus vehículos. En el otro lado se encuentra la violencia instrumental, aquella donde es usada para lograr un objetivo previamente establecido. Esta violencia es planificada y es atribuida a la delincuencia organizada. Por supuesto, existe toda una gama de violencia que va de un extremo al otro y tiene múltiples orígenes y factores que la alientan. ¿Cómo atacar este problema?
Nuestra mayor dificultad no está en combatir la violencia en sí, el mayor obstáculo es nuestra forma de pensar: creemos que la paz es una manifestación natural que se produce de manera espontánea en cualquier comunidad de personas medianamente educadas. Eso es un error. Lo que se manifiesta de manera natural y espontánea en cualquier comunidad son, principalmente los conflictos. Éstos surgen debido a que todos los seres humanos tenemos intereses individuales, grupales, colectivos y sociales, que en algún momento se interferirán. ¿Eso significa que deberíamos evitar los conflictos? No, ése es nuestro segundo error: pensar que los conflictos se pueden evitar. No sólo los conflictos son inevitables, sino que son necesarios (sí, leyó bien, necesarios) para el progreso de la humanidad. Es posible entonces darnos cuentas de que la gran mayoría de los hechos violentos surgen de un manejo inadecuado de los conflictos, que si no son bien llevados, probablemente tengan un desenlace violento. Llegamos aquí entonces a apuntar a un factor importante que puede evitar la manifestación de la violencia: La manera de resolver, de forma pacífica y satisfactoria los conflictos.
Si ponemos nuestra atención en las sociedades no violentas, nos damos cuenta de que existe un esfuerzo activo para producir la paz. Hay entre sus integrantes la confianza de que los canales existentes que permiten resolver sus conflictos son efectivos y suficientes para lograr un desenlace que beneficie a las partes involucradas. ¿Existe tal cosa en el país? Yendo a un caso más simple, ¿existe tal cosa en la Universidad? Si así fuese, la violencia incidental no tendría oportunidad de aparecer.
En cuanto al extremo instrumental, dependería del esfuerzo del Estado para afrontar efectivamente el problema.
Entonces, ¿qué podemos hacer para lograr un ambiente de paz en la Universidad?
Empecemos por cambiar nuestra forma de pensar:
a) La paz se genera, no se manifiesta sin un esfuerzo activo y colectivo, se construye con la participación ciudadana (si, pensó bien con la intervención de cada uno de nosotros), a eso le llamamos “producir la paz”.
b) Los conflictos son fuente de progreso si son bien canalizados. Para lograr esto, es necesario encontrar formas de resolverlas de manera que satisfaga a las partes, a eso le llamamos “manejo de conflictos”.
c) La violencia instrumental es un problema que se enfrenta con la explícita participación de las fuerzas públicas del estado, eso le llamamos “responsabilidad institucional”. Pensar de otra manera implicaría la administración de justicia de manera privada y anti democrática.
Por eso decimos: ¡La seguridad es tarea de todos!
Todo esto suena bonito, pero desde el punto de vista práctico es un trabajo muy complejo y laborioso. Pero para dar unas primeras luces, queremos, bajo la visión aquí presentada, abordar dos grandes problemas actuales de la Universidad de Oriente Núcleo de Anzoátegui: 1) La violencia generada por los mal llamados grupos políticos universitarios y 2) La aparente imposibilidad de construir muros que nos aíslen de los vecinos y que son parte de nuestra realidad. Esto, en la próxima entrega.

Profesor. Carlos Millán Verde
Profesora. Flor Pereira

profesormillan@gmail.com
arquipereira@hotmail.com


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