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Sin pelos en la letra

 


Desde hace tiempo yo escuchaba rumores y mas rumores, cuento de pasillo…asaltaron en básico, no se cuantos hombres entraron armados y robaron un salón completo, ¿no supiste que asaltaron en Ing… la eca…? y ya, en vez de los buenos días, nos decíamos: ¿ayer donde robaron?

Ya hicimos parte de nuestra vida los robos y las bombas lacrimógenas, el vivir con miedo en nuestros salones de clases, no saber cuando va a brincar de entre nuestros estudiantes alguien diga ¡esto es un toque!, o un asalto, dependiendo del dependiendo del grado de cultura del agresor.

Yo era una de las profesoras que me consideraba intocable, no porque fuera fuerte o estuviera armada, sino porque daba clases en un salón que nadie sabe que existe, metido dentro de un taller que siempre esta lleno de estudiantes y profesores de fabricación, que a su vez pertenece a un departamento que se ha caracterizado por proteger a lo suyo, y encima de todo eso, yo daba clases bajo llave y al taller le ponían candado cuando la gente salía. Por lo tanto yo me sentía segura bajo una doble seguridad, quizás porque nunca vi a ninguna de las personas anteriormente agredidas pidiendo seguridad, ningún testimonio de esas personas que tocara mi sensibilidad, simplemente era como si esas personas podían seguir sus vidas con tranquilidad, dando clases y los estudiantes capaces de recibirlas después de pasar por esa situación de atraco. Siempre uno se enteraba por prensa escrita y ya.

Un día la seguridad del taller me falla, lo dejan sin candado, algún pitazo interno, quizás de algún estudiante que no ve la universidad como medio de estudio sino como una fuente de ingreso fácil a través del robo, estudiantes que deberían haber sido purgados por el sistema de la UDO. Quizás fue un amedrentamiento por parte de algún estudiante poco satisfecho por la evaluación, quizás hampa común (lo cual dudo por lo extraño del robo) o simplemente ese día no me encomendé a Dios, ese día me tocaba a mí. Le quito la doble llave a la puerta de mi salón y cuando abro la puerta, en medio de la penumbra, me consigo con una cabeza oculta por una franela y unos lentes y un escopetín de frente apuntándome el pecho…adrenalina a millón. Trato de empujarlo hacia fuera del salón y trancar una puerta sin manilla mientras él empujaba hacia dentro y su compañero abría más la puerta hasta que al final, ya en el piso, me doy cuenta de que ya no hay salida, los asaltantes están dentro del salón, amenazándonos, apuntándonos, asaltantes que le temblaba el arma en la mano, gente en el piso tirada, llantos… algo que no se lo deseo a nadie. Al final, salen del salón cual estudiantes, dejándonos encerrados con las mismas llaves que alguna vez fueron mi resguardo.

Luego, lo de costumbre: llamadas de apoyo por parte de las autoridades y compañeros de trabajo. El día siguiente amanecen dos vigilantes armados en los pasillos de tecnología, el apoyo de todos mis compañeros de tecnología, profesores, empleados y estudiantes lo cual agradezco, APUDO…protestas, proyectos de las autoridades a mediano y largo plazo. Segundo día los ánimos merman, el mismo discurso porque no se puede hacer más, ya en el pasillo falta un vigilante porque tenía permiso o algo así, y al final, como si la vida continuara igual, amanece y debo ir a dar clases en el mismo ambiente porque nada ha cambiado en cuanto a la seguridad, hablando frente a otras secciones de clases pensando que algunos de ellos pudo ser la persona que dio el pitazo, y digo las otras secciones porque de los que pasaron el trago amargo conmigo sólo tres han regresado.

Las autoridades continúan sus actividades cegadas por una culminación de semestre en una fecha inamovible si se quiere dar el intensivo, sin parecer importarle las personas que juraron proteger y velar por ellas (y si le importamos yo no lo siento), los robos siguen con la misma frecuencia, los profesores siguen haciendo las veces que dan clases, porque no se puede dar clases mirando la puerta con temor a cada rato, bailando al ritmo de las lacrimógenas, interrumpiendo sus clases a cada rato, sin hablar de los que le toca las clases en la tardecita.

¡DIOS! ¿es que no nos damos cuenta los profesores, y aquí incluyo las autoridades, que además de nuestra vida también arriesgamos la vida de los estudiantes que obligamos a ir para no perder la materia?, ¿que no se está cumpliendo con el fin de la enseñanza, se esta perdiendo la esencia de la educación?, nos estamos convirtiendo en dadores de clases sin importar si los estudiantes están atendiendo porque también están asustados, ha habido innumerables interrupciones que obligan a repetir y repetir las clases, hasta que caemos en la desesperaciones y damos clases magistrales sin importar si se comprendió o no. Revisen las notas de los exámenes y vean lo bajas que están, claro está si es que se ha logrado hacer alguna evaluación, ¡algo está pasando! No nos damos cuenta de que no existen las condiciones para enseñar ni para recibir clases, antes sólo era la parte de planta física y materiales lo que no cumplía con estas condiciones, ahora nadie le para a eso porque estamos asustados.

No entiendo a los estudiantes, que lo único que quieren es una nota aprobatoria sin importar si aprendieron o no. Sólo quieren un intensivo para adelantar y obtener un título quedando el conocimiento relegado a un segundo plano. No se dan cuenta de que su vida corre peligro. ¿Donde están sus líderes para defenderlos? Pero no los culpo de quererse ir rápido, porque las cosas se ponen cada vez peor.

Me siento abandonada a mi suerte y con el apoyo de pocas personas. Las autoridades lo único que piden es no embochinchar el núcleo para poder cumplir con el bendito calendario, los que me protegen como gremio no le veo un norte o estrategia a seguir con pasos concretos que ayuden a la situación. Los profesores siguen a la carrera sus clases para terminar a tiempo como si no pasara nada y los estudiantes viendo como bajan sus promedios a costa de una promesa de intensivo. Nadie quiere arriesgar nada para construir una universidad segura y yo, que me considero responsable en mi trabajo, con pánico de volver al salón y que me vuelvan a asaltar pero tal vez sin correr con tanta suerte. Nunca he sido partidaria de la suspensión de clases, pero no quiero trabajar con miedo, quiero disfrutar dando mis clases.

Autoridades, profesores, estudiantes, esto es un grito de auxilio y desesperación, me duele mi universidad








16/Feb/09 a las 12:27
Publicado por: Adrian E.

bueh... sin nada mas que agregar porque todo esta dicho en este articulo y lo que mas duele como estudiante que soy es el promedio cierto
   
12/Feb/09 a las 7:43
Publicado por: Mabel

Lamento profundamente que te tocara vivir esa situación tan angustiosa, pero Bravo Ana! Te haces eco de lo que todos pensamos, a unos cuantos nos duele nuestra universidad.
   
11/Feb/09 a las 0:18
Publicado por: June

Lo q se pide es una voz d aliento para todos los q hacemos vida n esta casa d estudio,q se ve convertida en un despojo,ahora por invasores actuando como lobos hambrientos al ver la carrona q deja cada autoridad d turno,burlando a su paso la eficacia, gerencia y valor para solventar triste situaci^n