Durante una jornada laboral, me ocurrió una interesante anécdota. Escuché a una compañera de trabajo decir ante mi solicitud, "¡Dígame ingeniero!" y como ella es más que mi amiga, mi comadre, extrañé profundamente esta expresión y la increpé con un tono de burla "¿Ingeniero?" Queriendo decirle que era muy extraño que alguien tan cercano se refiriera a mí usando el título.
Para mi sorpresa, no era conmigo su expresión, sino con un colega quien se sintió tremendamente ofendido por el gesto, ya que asumió que yo ponía en duda su título. Su reacción fue insultante, agresiva y no dejó que le explicara que la cosa no era con él. Aunque la situación es en extremo absurda, deja una importante lección para nosotros.
Mientras este colega gesticulaba e insultaba comencé a pensar que la forma en la cual nos defendemos de las agresiones tiene mucho que ver con nuestra autoestima. A todas luces, daba la fuerte impresión de haber sido una persona discriminada en alguna ocasión, actuando en consecuencia de manera defensiva y altamente discriminatoria a su vez. Ahora, analizando la manera en la cual podemos evitar estas actitudes hostiles educando desde las aulas de clase, nos lleva a pensar como elevar la conciencia personal de cada estudiante. No hay nada que sea más difícil que eso, a mi modo de ver, porque hay que pelear con la imagen que cada persona tiene de sí misma.
De acuerdo a una investigación realizada en nuestra UDO sobre las motivaciones que tienen los estudiantes para escoger ingeniería como carrera, los resultados en un altísimo porcentaje mostraban que lo hacen con la finalidad de "Ser profesionales", sin tener muy claro lo que esto significa. Profundizando más sobre el tema, parecía un asunto de estatus. Ser "ingeniero" supone para ellos un cierto privilegio social al cual quieren acceder junto con otras prerrogativas asociadas, sin embargo, los estudiantes por el simple hecho de estar en la carrera, por tener el ímpetu de superación ya están en una situación privilegiada. Tanto es así, que actualmente los centros de estudiantes están participando conjuntamente con las autoridades del núcleo para buscar la solución definitiva a la inseguridad de nuestro recinto, al mismo tiempo que a disminuir notablemente los focos violentos que se han presentado, de paso algo con lo cual no han podido las autoridades. Desde aquí les hago llegar, especialmente al centro de estudiantes de ingeniería civil, un voto de confianza y apoyo para que no desmayen en su iniciativa y se conviertan en la punta de lanza para que todos logremos la universidad que queremos.
El asunto entonces está en los valores que manejamos. Una persona no se hace mejor persona cuando obtiene un grado. La educación académica no es más que un complemento a la formación humana, y cualquiera que sea el titulo obtenido es igualmente loable el esfuerzo para lograrlo, incluso, personas como estos estudiantes que hacen todo para mejorar su entorno, no se han graduado pero merecen nuestro mas profundo respeto. Particularmente pienso que debemos hacerles comprender que desde ya ellos ocupan un lugar especial y muy importante en el núcleo y por ende en la sociedad. Son definitivamente el presente y futuro. Si así lo entendieran, no se sentirían en lo absoluto insultados ante cualquier situación discriminatoria o agresiva como la descrita al inicio, que con seguridad se presentan como el día a día en la profesión en la cual nos estamos preparando.
Tal vez si potenciáramos la autoestima como una competencia, los ambientes de estudio y trabajo tendrían a futuro una mayor armonía, paz y por ende mayor productividad. Tal vez también pudiera yo contestar con agrado la pregunta que recientemente me hizo un amigo que vive en Suiza desde hace años, sobre la ideología subyacente en tanta quemadera de cauchos y saqueos en nuestras universidades.
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