La crisis por falta de seguridad en el Núcleo de Anzoátegui de la Universidad de Oriente (UDO) ha llegado a un punto de inflexión que a la vez descubre la desconfianza existente entre los subsistemas que integran la sociedad humana. La coherencia desaparece del medio y comienzan a buscarse soluciones sui géneris apartando subsistemas y sinergias. Buscar una solución desdeñando a los otros subsistemas, porque pareciera que uno le tiene miedo al otro, es como dejar aflorar la anomia que llevamos dentro.
La inseguridad en la UDO puede resolverse con:
Muros?
Cámaras?
Alarmas?
Retenes?
Alcabalas?
Aulas con candados?
Vigilantes armados?
De ser así, la inseguridad no es un gran problema. Simplemente sería uno de tipo técnico-económico. Pero, a mi juicio, el problema es mucho más profundo. La sociedad como tal está desapareciendo, porque la existencia en sí implica el respeto a las normas, la sociedad es como la antonomasia de la civilidad. No es que la Universidad no pueda funcionar como si el problema de la inseguridad no existiera, es que la sociedad no puede funcionar como si la inseguridad no existiera y las universidades no pueden permanecer incólumes ante esta tragedia, menos buscar aislarse. No se puede hablar mucho sobre lo que no ha hecho el Estado en contra de la inseguridad y hablar poco de la incapacidad de la sociedad para generar procesos productivos a favor de la seguridad.
La construcción de procesos en busca de soluciones a los problemas de inseguridad debe tener un enfoque de abajo hacia arriba (bottom up) de gobernado a gobernante en contraposición al enfoque de arriba hacia abajo (top down), pero con evolución de ideas y apego a las normas en ambos lados. Pero para que la sociedad pueda lograr grandes alternativas de construcción, es necesario que sus miembros respetemos las normas de convivencia, lo cual lleva muchas veces a anteponer el deber al derecho. No se puede catalogar a nuestra sociedad como violenta pero estamos en el camino. Una sociedad violenta genera y atrae más violencia.
Para ilustrar un poco esta reflexión narraré mi experiencia de la tarde del 26 de Enero del 2010.
1. Luego de salir de mi oficina no pude tomar la Avenida Intercomunal Jorge Rodríguez, porque en el Universidad Santa María los policías estaban lanzando perdigones y gas del bueno (tal como ordenó mi Primera Autoridad), mientras los estudiantes devolvían botellazos e involucraban a las madres de todo el colectivo. El sentido común me llevó a tomar la Vía Alterna.
2. Al llegar a la entrada de la vía a El Rincón, fue imposible continuar debido a que un carro que venía en contrasentido (la fuerza de la costumbre) había sido chocado por un camión. Los conductores estaban tratando resolver el problema de la peor manera a falta de autoridad pertinente.
3. Pude llegar hasta el puente de retorno de la Universidad de Oriente, por fortuna, ya que detrás de mí venía una gandola cargada de combustible con su incesante tocar de corneta a punto de golpearme.
4. En el puente de retorno a la altura de la Escuela de Medicina, estaba una patrulla policial impidiendo la entrada a la UDO. Quedé atrapado en un embotellamiento ya que no podía cruzar a la izquierda debido al lote de carros que vienen en contra flujo procedentes de las urbanizaciones aledañas (la fuerza de la costumbre).
Algunas observaciones asociadas a cada punto
1. La violencia en el verbo y en el procedimiento nos está llevando a convertirnos en una sociedad manipulable. En vez de recibir seguridad y protección se nos agrede e intimida –hasta con el Apocalipsis- incrementando el miedo. Sin embargo nada de esto debería pasar porque nuestros derechos están plasmado en la Constitución, pero son pisoteados en infinidad de casos.
2. Existe una ley de Tránsito con su respectivo Reglamento, que se supone de lectura y respeto obligatorios para quien maneja, pero es pisoteada y tomada como letra muerta por muchos conductores que a la vez están perdiendo en forma acelerada el esquema de sociedad.
3. El “poder” que brinda el manejar un camión inmenso, se utiliza en muchas ocasiones para amedrentar al conductor de un carro pequeño, independientemente que haya regulaciones, en lo que respecta a carriles, velocidad y horario.
Construir alternativas de cambios positivos en el combate contra inseguridad comienza por el cambio del individuo y el cambio comienza por el respeto a la reglas para luego trascender a los demás. En este sentido la Universidad tiene tremenda oportunidad pero también un gran desafío, pero mucho más para nosotros que cual partículas somos parte de este gran sistema.
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