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Sin pelos en la letra

 


En esta era digital, donde la electrónica y los videojuegos son la base del disfrute del tiempo libre entre la población joven y no tan joven, es interesante el hecho de que la diversión más popular entre nuestros estudiantes no necesite de baterías ni de ninguna fuente eléctrica de alimentación. El “truco”, ese genial juego de cartas donde vale más la picardía y el ingenio que la misma suerte, tiene su casa en Cursos Básicos de nuestro núcleo de Anzoátegui.

Pasillos, plazoletas, salones de clases y cualquier rincón disponible es buen lugar para instalar la partida y repartir con ansias las cartas españolas esperando una buena mano o la oportunidad de dar las “señas” que logren conquistar las 24 piedras del triunfo y la ignominiosa humillación de nuestros oponentes.

Tan arraigado está este juego popular del oriente venezolano que también está incluido como actividad “deportiva” dentro de los juegos Internúcleos y Nacionales de profesores universitarios (junto con el buraco, dominó y escrabble por mencionar algunos). Todos los años, en diferentes ciudades del país, los “atletas” docentes y de investigación, se baten a duelo entre gritos e insultos típicos, buscando llevarse la medalla así sea echando “fiaos” y guiñando ojos. Más de un trofeo se exhibe con orgullo con el grabado “campeón de Truco”.

Entonces las preguntas obligadas son: ¿por qué está prohibido el disfrute de tal “disciplina deportiva” en la universidad? Y ¿por qué nadie le para bolas a tal prohibición? Quiero contestar esas preguntas en ese mismo orden.

Como buen oriental que soy, puedo decirles con propiedad, que para jugar el “Truco” como debe ser, hay que tener un mínimo de condiciones. Para empezar, hay que tener el ánimo de insultar y humillar el oponente, teniendo consigo una cantidad sustancial de insultos de acuerdo al momento. Como parte de la estrategia del juego, con estos improperios lograrás despistar, desconcentrar, o sacar de sus casillas al oponente y restar habilidad a tu contrario, así que truco “cayado” no es truco, para eso está el dominó. No se trata sólo de pensar en la mejor estrategia para poner tus cartas, sino para dominar psicológicamente al contrario.

No es entonces extraño comprender que tales gritos, insultos e intimidaciones resuenen en el aire de manera estridente haciendo sobresaltar y distraer a las personas que se encuentran en actividades académicas que requieren concentración. Es desagradable hacer la tarea mientras todo el mundo la pasa bien afuera. Agréguenle a la partida un toque de licor, pasapalos y unos cuantos mirones (ni tan de palos), entonces tendrán un excelente caldo de cultivo para que los ánimos se exacerben y los insultos y humillaciones suban de tono. No descarten alguna pelea, rencor o “culebra” que después haya que arreglar. Y si eso no es suficiente, para darle más emoción y peligro al asunto, agreguen una pequeña apuesta, si es en metálico mejor y es entonces, mis queridos lectores, que tendremos un ambiente propio de una cantina estilo “viejo y salvaje oeste” que se aparta con mucho del ambiente académico deseable en una universidad, pero que se vive hoy en día en la misma entrada de nuestros jóvenes recién ingresados a nuestra universidad.

Me gusta jugar “Truco”, pero ese truco que se juega sanamente entre amigos, apostando solamente la dignidad de no salir “zapatero” y compartiendo entre tragos los insultos más originales y ocurrentes posibles. Yo, como profesor universitario, entiendo por qué este tipo de juego ha sido prohibido en las instalaciones universitarias. La violencia estudiantil no necesita mucho para manifestarse, y menos aún cuando le agregas licor y dinero a la ecuación. Y aún cuando ni se beba ni se apueste, el ruido propio de tal juego hace incompatible su actividad en el mismo ambiente donde se estudia o recibe clases. O sea, cuando juego “Truco” no lo hago en la universidad, sino en algún lugar donde pueda relajarme y disfrutar.

Aquí entramos en la segunda pregunta, entonces ¿por qué si está prohibido se sigue jugando? Si quieren saber la verdad, déjenme contarles algo que me abrió los ojos en estas vacaciones. Durante este intensivo, al pasar por la universidad, encontré a un grupo de estudiantes sentados en el suelo, jugando, pero prácticamente bloqueando la entrada a un baño de profesores. Levanté la vista al cielo, como buscando en el aire la paciencia y la resignación, pero al volver la vista a ellos les pregunté -¿qué juegan? – Con lápiz y papel en mano me dijeron –es un juego de roll, calabozos y dragones- Camino a casa pensaba, ¿será que no hay lugar en toda la universidad para sentarse tranquilamente a disfrutar de cualquier actividad de la compañía de los amigos? Agréguenle a esta historia un poco de lluvia y se darán cuenta de que no: ¡Ciertamente nuestro núcleo no tiene lugar de esparcimiento para los estudiantes!

Recuerdo que ir a la universidad era encontrarse con los compañeros, era salir de la residencia y hacer el día con la alegría de la juventud en mi casa de estudio. Y en nuestro núcleo: ¿Cómo se canaliza la alegría, cómo se encauza la juventud, cómo se represan las ganas de vivir? Difícilmente nada de eso se logra aquí. La juventud se desborda, la alegría se esparce por los pasillos y las ganas de vivir no se encauzan, porque nuestro núcleo posee una infraestructura que carece de juventud, de alegría y le toca entonces a los estudiantes suplirlo. Pero no de manera ordenada ni pensada como deberían pensar sus líderes estudiantiles, no de manera planificada ni considerada como deberían pensar las autoridades universitarias.

Es mi intención poner las cartas sobre la mesa y mostrar la “vira”, es mi intención hacer notar que la juventud no se puede simplemente prohibir, y ningún reglamento podrá hacer de nuestra universidad una digna casa de estudio, hasta que no se entienda que la juventud necesita su espacio y su tiempo.

Existe un lugar y existe un tiempo para jugar, para ingerir licor, para hacer fiestas, para hacer el amor, para reír, para rezar, para estudiar, comer y dormir, para vestir traje de baño, para enamorar, para llorar. Madurar es en parte entender cuándo y dónde hacer todo esto mientras vivimos en armonía con nuestros semejantes.








13/Jan/10 a las 11:10
Publicado por: Mafe

Gracias porfesor carlos, gracias por el trabajo que lleva enterder al estudiante y sobre todo al estudiante de ahora, estoy segura que muchos de nosotros (estudiantes udistas), nos gustaria ayudar a crear nuestro propio espacio, y dejar una huella notable, en la escuala o departamento al que pertenecemos.
   
13/Apr/09 a las 21:24
Publicado por: Jorgesarcos

Gracias por no tomarlo mal... =)
   
07/Apr/09 a las -1:22
Publicado por: Director

Gracias por las correcciones Jorge, ya fueron solventadas. En cuanto a la cantidad de caracteres pronto lo ampliaremos a 500. Saludos y nuevamente gracias por tu aporte.
   
02/Apr/09 a las 22:11
Publicado por: Jorgesarcos

...y deberian poner mas caracteres para escribir... webmaster!
   
02/Apr/09 a las 22:11
Publicado por: Jorgesarcos

No quiero que tomes esto de insulto, tomalo como critica constructiva, porque el espaciado entre parrafos tan alto? para la lectura en una pagina web es bastante incomodo. Es SCRABBLE y no Esscrable. Se escribe PSIcologicamente. y... estoy de acuerdo con tooodo lo que escribes...
   
01/Apr/09 a las 0:21
Publicado por: Adrian E.

exacto, todo eso es verdad, pero kienes seran esos "lideres" estudiantiles "decentes" que se lanzaran al cargo?